La película Breakup Buddies, protagonizada por Xu Zheng y Huang Bo, renovó en 2014 la atención sobre Dali. Un lugar ya asociado a montañas, lago y vida artística se convirtió en escenario de muchas más partidas imaginadas. Llegaban visitantes con canciones en la cabeza; algunos se quedaban lo suficiente para construir otra vida cotidiana.
Este retrato recoge aquel momento cultural. Los nombres y pequeños locales pertenecen a una comunidad cambiante, mientras la geografía sigue siendo reconocible: Cangshan detrás, Erhai más allá y, entre ambos, calles, pueblos y campos. Parte del atractivo era la variedad de vidas que podían coexistir.
Renmin Road: canciones, pinturas y un bar de poesía
Renmin Road expresaba con claridad esa atmósfera. Salía música de los bares y un cantante con guitarra podía reunir a percusionistas y otros músicos en un círculo improvisado. El placer no estaba solo en una actuación programada, sino en que una acera se transformara por un rato en punto de encuentro.
Entre los puestos de pequeños productos cotidianos había pintores que ofrecían sus obras. Vender un cuadro podía financiar más tiempo en Dali o el siguiente viaje para pintar. Esa economía modesta forma parte de la reputación de la calle: la vida artística también implicaba alquiler, comida y nuevos desplazamientos.
En el tramo medio estuvo Dushi Ba, el Bar de Lectura de Poesía, donde se leía y se hablaba de la vida y los ideales. Ya había cerrado durante la época descrita. Su pared pintada recuerda lo temporales que podían ser aquellos espacios. Los pequeños bares, cafés y estudios cambiaban con quienes los llevaban.
El mapa artístico iba más allá de una calle
El corto documental de 37 minutos Living Elsewhere, de Zhang Yang, reunió otra cara de la vida artística de Dali. El título, con ecos de Milan Kundera, expresaba la esperanza de encontrar otra manera de vivir fuera de la ciudad que se había dejado.
Junto a los músicos callejeros había artistas consolidados. Shen Jianhua construyó Baiju en Huoshan y fundó un grupo de pintura campesina. Han Hsiang-ning desarrolló el Museo de Arte Erju; Ye Yongqing pasaba temporadas en Dali, y el músico folk Zhou Yunpeng también se instaló allí. Sus obras situaban el arte en el paisaje y en el casco antiguo.
Espacio para distintas formas de vivir
Wang Bo, dedicado al té, había sido cantante de bar en Lijiang antes de trasladarse con su esposa e hija. Explicaba la diferencia mediante el espacio: bajo Cangshan, en el casco antiguo, entre campos o junto a Erhai podían sentirse cuatro vidas distintas. Quien encontrara demasiado bullicio podía buscar las montañas o los pueblos sin salir del mundo más amplio de Dali.
El espacio cultural importaba tanto como el físico. Un documentalista conocido como Sige preparaba una pequeña librería tras años recorriendo el oeste de Yunnan. El encuentro del diseñador Gao Ludong con el convento Jizhao pasó a formar parte del relato de su renovación y del entorno de suculentas por el que se hizo conocido.
Los experimentos llegaron también a la familia. El jardín de infancia Maomaoguo se desarrolló como comunidad educativa alternativa, centrada en ayudar a los niños a afrontar un futuro incierto y construir su vida. Aquí importa como muestra de la voluntad de ensayar ideas fuera de las rutinas urbanas establecidas. Se sumaba al arte, el té, los libros y los espacios religiosos entre los motivos para quedarse.
Conversar sin las presentaciones habituales
Se repetía la idea de que la jerarquía social parecía más horizontal. Un artista, un ejecutivo, un comerciante y un recién llegado podían sentarse sin empezar por sus títulos. Chen Gang, fundador de Maomaoguo, subrayaba que la gente venía a vivir. Los intereses comunes permitían una conversación larga antes de saber a qué se dedicaban los demás.
Esa apertura tenía tensiones. Wenjie, profesional del turismo, veía también exhibición personal: en vez de riqueza o cargo, se podía presentar una personalidad singular o una historia fascinante. El deseo de dejar las etiquetas generaba otra forma de presentación. Empezar de nuevo no borraba el deseo de causar una impresión.
Quienes llegaron, se fueron y volvieron
Algunos esperaban empezar una vida cómoda; otros preparaban la marcha decepcionados. Residentes veteranos, retornados, artistas, comerciantes y propietarios de alojamientos daban forma al mismo lugar. La historia religiosa, la exploración y el comercio se cruzaban con una generación que buscaba qué significaba vivir «en otra parte».
Zhang Yin, fundador de Shouhuo Coffee, propuso una idea útil: los recién llegados actúan como catalizadores, mientras Dali los absorbe y transforma. Para el visitante es una razón para dedicar tiempo a una calle corriente: escuchar una canción, mirar una pintura o sentarse con té. Las aperturas actuales se consultan localmente; la historia cultural supera el letrero de un solo bar.
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